martes, 8 de marzo de 2016

Of kings and prophets

abc.go.com/shows/of-kings-and-prophets
-Estreno: 8 de marzo de 2016, ABC.
-Drama, 42 minutos, 1 temporada, 9 episodios.
-No renovada.

-Estamos ante una larga saga de libros con muchos personajes, muchas muertes, mucha violencia y mucho sexo. No, no es 'Juego de tronos', es la Biblia. El problema es que a cierto tipo de gente que le tiene mucho apego a este último libro le gusta tan poco que sus adaptaciones a la pantalla tengan demasiada sangre y desnudos (bueno, lo primero importa menos, un buen ojo por ojo siempre mola) que enseguida se pone protestona. Y así, aquí nos queda una especie de intento de emparejar a los fans de Martin con los fans de Dios que no va a satisfacer ni a los unos ni a los otros. Los reyes y profetas del título son respectivamente Saúl y Samuel, aunque el personaje más conocido del público en general será David, del famoso dúo David y Goliat. Saúl es un caudillo guerrero deseoso de terminar de unificar las tribus de Israel, diez generaciones después de haber logrado escapar de Egipto, pero por todas sus virtudes de luchador y estadista, Saúl tiene el defecto de escuchar demasiado a Samuel, su profeta de cámara, de luenga barba y caverna débilmente iluminada, que justo cuando se está a punto de rematar el encaje de bolillos con una boda intertribal, va y exige, en nombre de Elohim, que antes del casorio hay que hacer una minucia de genocido contra los amalecitas, para vengar unas broncas de hace tres siglos. Como se puede imaginar, a partir de ahí la cosa se va de las manos, entre espadas, hondas, pastores, princesas, traiciones en la cama y armaduras de cuero. Los exteriores rodados en Sudáfrica a veces se aprovechan bien, los de efectos visuales se han currado una buena panorámica de la capital israelí y una convincente cabalgada espada en ristre, y además Ray Winstone, con su voz ruda y su presencia baratheónica da empaque al asunto al comienzo, pero en definitiva resulta todo muy mediocre, desde el diálogo estrictamente funcional hasta las escenas de lucha, sin olvidar la ocasión perdida de explorar la importante relación entre religión y política, tan de relieve últimamente. Y además, tampoco es que sirva para que quien no se haya leído el Deuteronomio se entere de la historia a través de esta serie. Así que bueno, si alguien tiene alguna tradición en la familia de ver peplums bíblicos por Semana Santa, le puede valer para echar la siesta en Viernes Santo. Al final, solo se emitieron dos episodios, y la serie entera solo se ha podido ver en Nueva Zelanda.