domingo, 19 de febrero de 2017

Big little lies

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-Estreno: 19 de febrero de 2017, HBO.
-Drama, 50 minutos, 1 temporada, 7 episodios.

-Cuando tres de las madres que tienen críos en tu colegio de primaria en California son Nicole Kidman, Reese Witherspoon y Laura Dern, sabes que aquello debe de ser una jaula de gatas con bastante mala leche. Y así resulta ser en esta miniserie creada por David E Kelley, uno de los grandes de la televisión norteamericana, y que tras varias series multitemporada parece haberle cogido el gusto a esto de los proyectos más cortos (esta misma temporada ya hizo 'Goliath', serie de ocho episodios, para Amazon). Basada en el libro de Liane Moriarty, la trama va de un asesinato que ocurre en una comunidad rica y acomodada, cuyos componentes se conocen principalmente porque sus críos van a la misma clase de primaria. Madeline Martha Mackenzie (Witherspoon) es la hembra alfa del lugar, mandona, hiperactiva y superpreocupada por sus dos hijas, de 6 y 16 años. Kidman, al borde de los 50, interpreta a otra de las madres, envidia del lugar por su apuesto marido una década más joven (Alexander Skarsgård, el vampiro vikingo de 'True blood'). Y Dern es la más neurótica de las tres, atenazada por la sensación de que no le cae bien a nadie y de que la miran mal por trabajar en lugar de simplemente cuidar a los retoños. En todo este opresivo ecosistema viene a meterse una novata, Jane Chapman (Shailene Woodley), soltera y contable freelance, que no pega mucho con el nivel Maribel de las demás, que se ha mudado allí ex profeso, en principio por la calidad del colegio, pero nos olemos que hay algo ahí por debajo que no sabemos. Con estas piezas se juega una clásica partida de mirar bajo las pestilentes alfombras de la en principio idílica sociedad pudiente de Monterey (con una sola erre). Poco a poco, los maridos, los exes, las nuevas novias y otros personajes irán entrando en juego en un Cluedo a lo bestia donde hay que adivinar el quién, el dónde y el con qué, además del por qué, si es posible, en medio de celos, maltratos y jugarretas de zorra rica. Sin embargo, a medida que los secretos van saliendo a la luz (para el espectador, no siempre para los demás personajes), varios otros temas son dignos de mención, entre ellos la violencia doméstica y el ejemplo que puede provocar en niños muy jóvenes. En este sentido, seguramente las escenas de más impacto en la serie son las protagonizadas por Kidman y Skarsgård, tanto en el problema que tiene como sus intentos por buscarle solución. De hecho, una vez que todo el juego de tensiones, envidias, recelos y frustraciones queda anundado a varias bandas, llega a resultar un poco decepcionante que todo se resuelva con la muerte de un personaje, anunciada desde el principio, pero cuya identidad no se conocerá hasta el final. La calidad del guion y el poderío estelar de las interpretaciones (Kidman y Witherspoon son además productoras de la serie) elevan lo que podría haber sido algo más normalito en otra cadena. Además, el estar adaptando la obra de otra persona hace que los peores tics de Kelley al crear personajes un tanto excéntricos o incluso estrambóticos quede controlada y se limite a esa fiesta final de Elvises y Audreys donde explotan todas esas pequeñas grandes mentiras.

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