viernes, 26 de febrero de 2016

Fuller house

-Estreno: 26 de febrero de 2016, Netflix.
-Comedia, 26 minutos, 2 temporadas, 26 episodios.
-Renovada.

-'Full house' ('Padres forzosos') emitió 192 episodios durante 8 temporadas entre 1987 y 1995. Y desde luego, eran otros tiempos, vaya que sí. Parece otro milenio y todo. Veinte años después, los tres amigos que se unieron en su juventud para ayudarse unos a otros a criar a sus hijos entre risas enlatadas tras la muerte de una de las esposas vuelven ante las pantallas en lo que ha resultado un instructivo ejercicio de nostalgia y envejecimiento. El comienzo de los nuevos episodios es un continuo gritar wuuuuhuuuu por parte del público asistente cada vez que aparece uno de los actores, cuidadosamente uno a uno, tanto que a veces el recién entrado tiene que esperar unos segundos antes de decir su frase. Los títulos de crédito presentan hasta tres imágenes diferentes de cada actor, en los 80, los 90 y ahora, incluso llegando a hacer los mismos gestos y poses, para así mejor comparar. Cuando se habla del único personaje que agua la fiesta no estando presente (Michelle, interpretado a turnos por las gemelas Mary-Kate y Ashley Olsen), todos los reunidos miran directamente a cámara, como choteándose de ellas y de su peculiar vida social desde el fin de la primera serie. Y cuando llega el momento de calmar a un bebé cantándole la canción de 'Los Picapiedra' ('The Flintstones'), qué mejor manera de hacerlo que partir la pantalla en dos y emitir la nueva versión junto a la antigua. Y para acabar, el episodio piloto, de 35 minutos de duración, presenta una situación donde son ahora tres mujeres las que se alían para ayudarse con los críos tras la muerte de un marido, y está dedicado a las madres de cuatro de los actores, fallecidas durante este tiempo. Desde luego, es una manera tan decididamente directa de jugar la carta nostálgica intentando hacer que el público actual, ahora tan descreído y post-todo se apunte al juego, que hasta logra parecer digna de respeto. Sin embargo, la crítica norteamericana no le ha dado cuartelillo en absoluto. La comedia televisada ha evolucionado muchísimo en las dos décadas siguientes, así que no es una sorpresa comprobar que esta secuela se queda mayormente en intentar captar a los mismos que disfrutaron con ella en su juventud, cuando a pesar de su moderado éxito tampoco se la consideraba nada del otro jueves, y se basaba principalmente en el atractivo de John Stamos, la monez de las Olsen y los karaokes familiares, antes casi de que la palabra se hubiera puesto de moda, para arreglarlo todo. Veinte años sí que son algo, sí.